Los twitter de CFK y los archivos de 678

Toda persona, cosa, o circunstancia que se relacione a CFK parece ser una puñalada en contra del supuesto periodismo serio e independiente.  La presidente de la República tuvo la idea de comunicarse con los argentinos vía twitter (@CFKArgentina), y a la fecha cuenta con más de ciento cincuenta mil seguidores. Puede ser casualidad pero luego de la aparición de la presidenta en twitter se desató un vendaval de opiniones contrarias al valor de la comunicación en esta red que limita los mensajes a 160 caracteres. Es odioso decirlo, se supone que la evolución en los canales de comunicación no es culpa de CFK; en todo caso la presidente interpretó esa evolución, y así promovió la ley de medios, la televisión digital, y además se puso a twittear. Que de malo tiene? Nada. Por el contrario la presidenta abre otra puerta comunicativa para que cualquier ciudadano (oficialista, opositor, o neutral) pueda  escuchar, preguntar, sugerir, cuestionar o peticionar de modo ágil y dinámico a sus autoridades.

Ya era un dolor de cabeza que un programa de televisión como 678 se haya convertido en una ventana interesante para ver y escuchar voces que antes estaban silenciadas o tapadas por el ruidoso vértigo de las noticias construidas en forma interesadas, y mas duele que el programa sea un bastión en la difusión de la nueva ley de medios. Se lo tilda periodismo dependiente u oficialista. Y 678 es un programa más en la grilla de la televisión que expone las contradicciones de dirigentes políticos y de periodistas. El periodismo serio e independiente está inquieto, y fabrica líneas editoriales contra 678, contra las redes sociales, contra los dirigentes y militantes que la utilizan. No se disimula, se sangra por la herida. La comunicación unidireccional viaja ya por el túnel. El privilegio de tener “la palabra” bajo control está en plena agonía, el mercado de las palabras se agranda con la entrada de nuevos oferentes, y muchos intermediarios (en su mal obrar) comienzan a ser prescindibles.

Muchos periodistas argentinos, en su esfuerzo por caer bien al jefe o mimar sus cuentas corrientes, rifaron la credibilidad de su trabajo- no su trabajo-. La credibilidad de un periodista se pierde cuando por ejemplo: Luís Majul, repetía tengo miedo y un segundo después publicitaba el tapa azul. Pepe Eliaschev, algo parecido, con su tapa negra. Leuco, cansado de ser ignorado, aprovechó la ametralladora blogueril de Carrasco para declararse también con miedo. Jorge Lanata, parece que daría cualquier cosa para dejar de estar a la intemperie en la vereda, y que lo hagan pasar a la casa Clarín.

Entonces, en este contexto, los twitter de la presidente ( y de otros funcionarios), o los archivos del programa de televisión 678 constituyen una suerte de contrafuerza que evidencia las contradicciones a las cuales son capaces de apegarse nuestros periodistas independientes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario