EN NUESTRAS CABEZAS, LA ERUPCIÓN DE LA REBELIÓN


“Europa nos mira. Estoy seguro de que al anunciarse nuestra victoria muchos países europeos se sintieron aliviados", afirmó exultante el ahora presidente electo en un discurso ofrecido en la plaza central de Tulle, en la céntrica región de Correze. Francois Hollande tras la victoria de la izquierda francesa, que después de 17 años de gobiernos conservadores vuelve al poder.

La pregunta es, después de conocer la victoria de Hollande, quienes sentirán ese alivio: ¿Los pueblos o los gobiernos de Europa? No creo que los gobiernos europeos alberguen semejante sensación de alivio.

El pueblo, quizás sí albergue esa sensación de alivio, o la ilusión de equilibrar un poco la balanza para su lado.  Hollande tendrá el reto de no dilapidar las ilusiones creadas en el resto del pueblo europeo, tendrá la difícil misión de caminar en un campo minado de pensamientos conservadores. Mientras tanto la indignación popular seguirá latiendo frente a las medidas “racionales” que toman los gobiernos.

¿Hay límites para la indignación? Y más: ¿Cómo se puede hablar de excesos de indignación en un país donde precisamente, con las consecuencias que están a la vista, es lo que está faltando? Retrucó José Saramago a José Mario Silva, tras una crítica que éste le realizara por el supuesto exceso de indignación que cubrían sus textos. Fue en julio de 2.009, todavía faltaba para que la indignación española se exprese en las calles. Saramago murió en junio de 2010, no pudo ver a los indignados que coparon las calles españolas en el 2.011 como él deseaba, ni tampoco pudo ver el triunfo de Mariano Rajoy –Supongo- que él no deseaba.

En nuestros oídos están tantos lamentos de miseria,
En nuestros cuerpos el sangrado interior de volcanes sofocados,
En nuestras cabezas, la erupción de la rebelión.
¿Cómo puede haber calma cuando la tormenta aún no ha venido?
(Dos tipos de silencio, por el poeta Linton Kwesi Johnson) 


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